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EL GATO



"ALGUNOS HEROES"
De la serie C. Roma.

Durante 13 años viví en Zacatecas y Mérida aunque esto solo resulte posible en la colonia Roma. Era la colonia Roma aquella que un tiempo fue de los judios, cuna del arte y del espleandor Porfirista, pero aún con sus aires de colonia "fina" rodeada de art decó y con una avenida estilo "las ramblas" y la replica de la fuente de la cibeles, no dejaba de ser un barrio que solo lo separaba una avenida de las temibles colonias "De los doctores y la Buenos Aires" donde el aire al parecer no era tan bueno.

Eran los años 70's cuando mis padres vivian por aquel rumbo y crecia la honorable familia VV, así como también crecian las historias de pandillas , que luchaban por proteger su territorialidad como fieras y nadie pasaba de la colonia Roma a la doctores, ni de la doctores a la Buenos Aires sin el consentimiento de sus guardianes.

Así surge la historia de "El gato" quien dominaba el territorio de la C.Roma, desde Av. Cuauhtémoc hasta Insurgentes, poniendo especial atención en la calle de Frontera que irónicamente que era la última antes de llegar a Cuauhtémoc.

Según las historias épicas de la colonia, "el gato" protagonizó peleas con navaja en mano y torso al aire por defender su territorio, peleas que ni el propio Michael Jackson pudo escenificar en "beat it".
Cualquiera que vivía por el rumbo , sabía quien era "el gato" desde el barrendero, el Sr Sevilla, el perro firulais, hasta el tortillero bigotón, gordo y mal encarado que después de las 3 de la tarde cortaba la cola de la tortillas cerraba la tortillería y seguía produciendo hasta que se terminaba el maíz, las tortillas que quedaban las guardaba en servilletas de cuadritos rojos y azules para luego montarlas en su bicicleta, con un destino desconocido y sin importar si alguna familia se quedaba con ganas de comer el socorrido taco con sal. Solo si "el gato" aparecía por ahi, el kilo de tortillas salía sin problema de montón apartado en la servilleta de cuadritos rojos.

Cuando era pequeña y salía de la mano con mi papá, nos lo encontrabamos fumando en la entrada del edificio donde suponíamos vivía.

Mi papá y el intercambiaban alientos de humo, ambos fumadores empedernidos. Se saludaban de mano y quedaban en verse alguna de esas tardes para jugar una partida de ajedrez.

Víctor, como supe que se llamaba muchos años después, pasaba muchas tardes sentado entre muebles viejos pendientes de ser retapizados, jugando ajedrez, cartas o domino con el que se uniera y el tapicero que pasadas las 5 de la tarde dejaba la tela y los clavos y se convertía en peón, caballo o rey de negras para competir con el imperio blanco.

Nunca supe a que se dedicaba, estaba casado y no recuerdo si tenía hijos, su esposa era insignificante pero respetada por todos a igual que cada persona que lo saludaba o intercambiara alguna palabra, por mínima que fuera, con él.

El gato se convirtió en heroe, aquella tarde decadente de hace casi 18 años, cuando el Lic. Tamayo, apareció en la puerta de mi casa con un séquito de maleantes dispuestos a sacarnos, los motivos eran muy simples.... la renta no había sido pagada.

Mi padre que por aquellos tiempos era un zoombie y esa tarde sin escuchar nuestras súplicas, abrió la puerta del departamento 103 y por ella se fueron los recuerdos de 13 años; ropa, muebles, la mochila de la escuela, la televisión, la alfombra.

Se acabaron los recuerdos en una tarde, mientras la sala, comedor y televisión, se volvieron parte del paisaje urbano y nuestra vida quedaba expuesta, en el escarnio público, aún sigo pensnado que no es una experiencia que se asimile facilmente.

Así que mientras mi hermano y yo tomabamos el fresco sentados en la sala de nuestra residencia al aire libre y cuidabamos que nadie se robara nuestras pertenencia. Se acercó Víctor, vestido con una camisa roja y se dirigió a mi hermano:

-¿Tú eres el hijo de Sergio?
-Si,
-Dile que lo quiero ver.

Mi hermano que ni aún en las peores circunstancias perdía el estilo, muy propio le contestó.

-¿Quien lo busca?
A lo que Víctor le respondío...

- EL GATO

Tiempo más tarde, mi papá y el nuevamente intercambiaban alientos de humo pero en esta ocasión no había promesas de jugar ajedrez.

Muchos años después supe la razón de esa platica, que no fue más que el simple ofrecimiento de reunir a todos aquellos que respetaran al gato y regresar nuestras cosas al departament0 103 por la fuerza, pero mi padre flaqueo y no acepto la ayuda.

A cambio de eso, vino el segundo ofrecimiento y con toda solemnidad y respeto nos ofreció la derruida casa de su suegra, situada apenas enfrente de nuesta casa, en un antiguo edificio, como los hay por montones en la colonia Roma, hoy cascarones protegidos por el instituto de Antropología.

Era aquella, la casa prohibida, abandonada y que permanecía cerrada sin que nadie se atreviera a protestar y que solo se abrió para dar lugar a nuestras cosas, para poder conservar un poquito de nuestra historia y un poco de dignidad.

Y así fue que "el gato", abrió la puerta y detrás de ella se escapo el olor a derruido traducido en humedad, colocó un par de velas, llamó a dos o tres personas que comenzaron a cargar muebles, la ropa y todo lo demás.

Mientras llegaba el ocaso, en el firmamento y en nuestro corazón poco a poco se almacenaba nuestra vida entera, en aquella vieja casa.

Y solo mi mamá y yo nos quedamos a su lado en la entrada de la puerta.

Escuchar las historias del gato, era oír sobre las guerra de pandillas, de lo mucho que habían cambiado las cosas en la colonia, que si el flaco tenía una Ram era por que vendía droga, que si al Sr. Sevilla se le caía la casa encima, y sobretodo que extrañaba a Pachita y a Jovita y sus chicles de cambio.

Así lo escuchamos largas horas hasta que mi madre lo interrumpió, y le recordó los muchos años que llevaban viviendo a pocos metros de distancia y que nunca imagino que fuera precisamente él quien nos ayudara en un momento tan difícil, le agradeció por la ayuda y le confesó que siempre le había encontrando parecido con Joe Montana.

Por un momento, "el gato" dejo de ser aquel personaje de la colonia, para convertirse en una muchacho de 15 años que se sonroja cuando alguien lo compara con alguien, alguien como Joe Montana.

¿Y usted sabe por que me dicen el gato?
Si, respondió mi mamá.

Entonces retomó las historias, la de moco que era más débil que el maniaco y por eso le cortaron la lengua y siguió con un sin número de nombres e anécdotas hasta que finalmente terminaron de meter el último mueble.Entonces llegó mi hermano, cansado y sin saber ni como ni donde ibamos a dormir.

Entonces El gato lo palmeó en la espalda y le dijo: Ánimo y bueno, si necesitas sacar algo de la casa mañana, ¡ te vienes tempra! ¿no? y sin más apagó su cigarro cerró la casa, cruzó la calle y desapareció en aquel pasillo lúgubre que llevaba sin duda a la guarida que nunca conocimos...

Ahora debe tener unos 58 años, nunca supe más de él, pero lo imagino sentado todas las tardes fumando, jugando ajedrez, contando historias de los 70's, y dirigiendo miradas a todo el que pasa, miradas altivas,lascivas, acertivas desde la profundidad de aquellos ojos verdes que el valieron el respeto de toda una colonia y que algunos de los que todavía habitan en la calle de Zacatecas, sabe bien que la vieja caja de la puerta blanca, esa que huele a humedad, es intocable por que es de Víctor, " EL GATO".


Ldf2010

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