Recoged a un perro muerto de hambre, engórdalo y no os morderá.
Esta es la diferencia más notable entre un perro y un hombre.


domingo, 13 de mayo de 2012

BENDITA IGNORANCIA

Dicen que la ignoracia es uno de los peores males de la humanidad, estoy de acuerdo con ello, pero así como conozco a alguien que sostiene que también hay envidia de la buena con razones cienficamente comprobables, opino que también hay una clase de ignorancia buena, una bendita ignorancia, sin ninguna malicia, como los niños que comienzan a descubrir el mundo, ellos, son ignorantes y no en un tono ofensivo, sin embargo ese desconocimiento de las cosas los hace ser espontaneos, cálidos,  simplemente son y  te dejan ser.

Corrían los primeros días del año, era una fría mañana de Enero en San Miguel de Allende, Guanajuato. Yo, me encontraba convaleciente de una repentina e inexplicable gripa. Por fortuna, no me encontraba sola, tenía la suerte  de tener a "mi cielo", quien es mi alma gemela.

El había sido muy valiente la noche anterior, al enfrentarse a las viscisitudes de un país ajeno, además de cuidar a la novia que ardía en fiebre, se encontró en un hotel con pasillos interminables  y tuvo que torear al bellboy al momento de llevar el servicio a cuarto y manejar  la disyuntiva de "cuanto darle de propina."

A pesar de que a la mañana siguiente yo parecía tener mejores ánimos, supongo que el se encontraba nervioso por todo lo acontecido la noche anterior, así que, había decidido salir a tomar aire antes del desayuno. Mientras tanto, en la soledad, yo despejaba mi nariz  con algún descongestionante comercial. Luego regresó por mi y bajamos  al comedor  que  tenía un aspecto  interesante.
Todo el mobiliario, incluyendo al mesero, nos remontaba a un México atrapado en los sesentas, como si estuvieramos dentro de una película de Maurico Garcés o del Santo.

El mesero, que seguramente lleva toda su vida trabajando en el lugar, se acercó cortésmente a saludarnos y a darnos las opciones del desayuno, dado que nos habíamos hospedado en el lugar, teníamos derecho a un desayuno continental gratuito. Esté, consistía en: café,  jugo, fruta, pan, huevos al gusto y/o hotcakes. 

Un desayuno bastante común y corriente para un mexicano, inclusive hasta extraordinario por su bastedad para ser "continental" pero, para un extranjero acostumbrado a los churros con chocolate, las tostas con aceite de oliva y tomate, no parecía tan común y menos cuando se tiene enfrente a la novia gangosa con cara de dolor y  a un mesero ofreciéndote muchas opciones de fruta, muchas opciones de jugo, cafe americano, capuccino o descafeinado, hot cakes con miel de abeja o miel de maple y huevos al gusto que podían ser revueltos, estrellados, divorciados, a la mexicana, a la veracruzana, etc.

Supongo que lo más fácil para él,  fue decir que elegía lo mismo que yo puesto que el mesero hablaba mucho y se desvivía por complacernos, cosa que tampoco suele suceder en otros países. Por mi parte yo pedí: café descafeinado, melón, jugo de naranja y hotcakes.

El mesero salió corriendo con el pedido  y apenas unos segundos después regresó con el café y el jugo, luego, casi como el correcaminos, llegó con la fruta  para luego desaparecer por un tiempo y regresar algunos minutos después con una canastita  llena de pan recien salido del horno, calientito y con  graciosas formas trenzadas, envuelto en una servilleta blanca.  Luego se dispuso a montar todos los aditamentos necesarios  para los hotcakes, así que amablemente nos lleno de pequeños recipientes de  mantequilla, miel de abeja y  miel de maple.

Fue entonces cuando vi a mi novio, sacar cuidadosamente uno de los panes de la canastilla, servirme  en el plato con un cuidado excepcional  y luego tomar una ración para el.

Con mucha dedicación lo cortó, le puso mantequilla y luego tardo un instante en elegir el tipo de miel le pondría hasta que optó por la de Maple por ser menos común.

Yo, sin pensarlo mucho hice lo mismo y seguimos conversando sobre todo lo acontecido la noche anterior.
El terminó antes que yo el primer panecillo  y acto seguido descubrió de nuevo la servilleta blanca que recubría el pan y  tomó el segundo, para  depositarlo con el mismo cuidado que el primero en su plato, sin embargo,  al hacerlo, se quedó un poco pensativo y contrariado.

Así que, con sus grandes ojos azules me miró  como si fuera a hacerme una  importante confesión y me dijo: ¡bueno! ¡en menudo lío nos ha metido el mesero!

A lo que sorprendida le pregunté -- ¿ Por qué?-

Un poco molesto me respondió: Pues nada, que este hombre ha tenido la mala idea de traer las porciones impares, la canasta solo trae 5.

Yo, un poco desconcertada le respondí: ¡vaya! eso no importa,  te puedes comer los que quieras, no hay problema.

A lo que él me respondió tajantemente: ¡Por supuesto que no!, entiendo que no tengas mucha hambre pero ahora mismo  llamó al mesero para que nos complete la orden.

Yo, con cara de "what", le respondí:

 Cielo, no es necesario, le tomé la mano, lo miré a los ojos  y reiteré: ¡de verdad que no es necesario!, si como tanto pan ya no me voy a poder comer los hot cakes...

Acto seguido, se intercambiaron los papeles y el  "What" se  mudó a su cara, antes de que pudiera reaccionar,  apareció el gentil y  alegre mesero, corriendo como siempre y hablando demasiado con dos platos. Cada uno contenía 3 hotcakes del tamaño  de un disco de 45 revoluciones, al ver que habíamos utilizado uno que otro recipiente de miel, se ofreció a traernos más y en seguida se disculpo por haberse demorado un poco.

Apenas se fue a buscar la miel a la cocina, intercambiamos una mirada cómplice y una mueca extraña, esa mueca que parece sonrisa pero no es más  la risa contenida por un instante y que viene acompañada de sonidos nazales, luego,  no paramos de reir hasta terminar el desayuno.


Nada como confundir  pan trenzado recien hecho con hotcakes, nada como ser ignorante en un pais ajeno, nada como reir sin parar en el desayuno una fría mañana de 2012, mientras te recuperas de una gripe al lado  del amor de tu vida. 


Con un poco de suerte, el mesero de toda la vida, aún  debe preguntarse el por que, de la buena propina de esa mañana...


LdF.