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La Pashmina Roja

Cuando era pequeña, recuerdo que en muchas ocasiones encontraba algo en alguna tienda que me parecía fascinante, ahora mismo, no puedo citar " ese algo" que me haya cautivado en específico, quizá sea por la frustración que me causaba que me  dijeran  "No" ahora no te lo puedo comprar  y no era un  "No" de capricho, o de "para que lo quieres sino lo necesitas" , era simplemente una realidad de que a mi madre no le alcanzaba el dinero ni para lo más indispensable, mucho menos iba a poder complacerme en ese tipo de cosas.

Mi madre piensa que las personas que tuvieron carencias, cuando están en posibilidades de salir adelante comienzan a acumular muchas cosas que de pequeños echaron de menos no tener, y a lo mejor por eso, cuando llega la época de limpiar el clóset, siempre me echa en cara que tengo muchos zapatos, sweateres, abrigos, discos, bolsas,etc.
Puede que tenga razón, pero yo no le hago mucho caso. Y tan no le hago caso que este relato se genera a partir de esa necesidad (o necedad)  que tengo, de siempre estar comprando chucherias.

Así que, el domingo pasado, cuando salía del súper mercado, decidimos sentarnos a descansar en una de las banquitas que hay dentro de la plaza comercial, justo frente a una tienda donde venden bolsas, bisuteria, bufandas y pashminas.

Como casi es tradición, después de descansar un momento, me disponía a entrar en la tienda y ver que nueva chuchería se me pegaba ahora, pero estaba muy cansada y demoré la entrada a la tienda mientras conversaba con mi madre sobre lo caro que estaba todo, pues cada semana es una cuenta diferente y más alta. (me estoy haciendo viejita.)

Luego, hice un silencio simbólico con ella, porque realmente estábamos envueltas el bullicio de los bip bip bip que las cajas registradoras hacen todo el tiempo y comencé a observar a la gente. (ese es otro ritual muy habitual en mi pero ya hablemos de ello en otra ocasión).

En la banca contigua, se sentó una señora con sus dos hijos, al parecer también para descansar y reponer fuerzas. En el carrito del súper había solo una pequeña bolsa con víveres y  dos cajas de leche que estaban en promoción.

Sus hijos eran un par de niños a punto de entrar a la adolescencia tendrían unos 13 o14 años, el niño se puso a correr en los pasillos y a jugar a deparrarse con los tenis sobre el piso encerado.

La niña por su parte, inevitablemente decidió entrar a la tienda de las chucherías.

Pasados unos 5 minutos, se acercó a la srita. de la caja y amablemente le pregunto el costo de una pashmina    de color rojo brillante. Después de conseguir el costo, pidió permiso  a la dependienta para sacarla un momento de la tienda y mostrársela a su mamá que la esperaba en la banca de enfrente.

Así lo hizo la pequeña y con mucha delicadeza se la enseño, le dijo a su madre que le venía muy bien para su vestido nuevo que usaría en Navidad y los ojitos le brillaban de ilusión.
Su madre solo atino a  preguntar: ¿Y cuanto cuesta eso? a lo que la niña un poco nerviosa respondió: $150 pesos.
Su madre lo pensó un poco y le contesto : No hija, no puedo.

La pequeña, tras aquella respuesta, se quedo un instante frente a su madre como resistiéndose a regresar a la tienda con aquel tesoro, pero en ningún momento le insistió, solo volvió  y antes de regresarla a su sitio se la miró por última vez en el espejo y agradeció a la dependienta.

Salió  al encuentro de su madre, se sentó otra vez a su lado un tanto desilusionada y esperando sin más lo que seguía.
Mientras, por mi parte observaba y recordaba, recordaba tantas veces en que había pasado por eso y pensaba en el momento  que se vivía en aquel  instante.
¡Que duro debe ser para una madre negarle algo a  un hijo que lo pide con verdadera ilusión! y el sentimiento de la niña, yo lo veo como una mezcla de frustración y lección de vida, porque esas negativas, siempre nos enseñan a valorar más lo que tenemos.

De pronto, en un impulso me levanté de la banca y me metí a la tienda a realizar mi inspección de rutina. Delante de mi, se apareció una bufanda café con vino de cuadritos, ideal  y combinable para lo que tenía pensando ponerle para el lunes y así odiarlo menos.
Cuando tomé aquel trapo, para mi,  algo se movió dentro, volteé hacia la banca para asegurarme de que la pequeña y su madre aún seguían ahí, luego caminé un poco más dentro de la tienda  y vi la pashmina rojo brillante que la niña había elegido y simplemente la tomé, corrí hacia la caja a pagar y me sentí observada.
En ese momento mi corazón latía con rapidez y  seguramente el de  la pequeña también, yo sabía lo que habría de pasar, ¿pero ella? Seguramente pensaba que además de sufrir  la negativa de su madre, tendría que soportar el que otra persona se llevara  lo que había elegido para si misma.

Los minutos en la caja se me hicieron eternos, miraba de reojo y  comenzaba a ver a su madre alistándose para irse. La cajera finalmente me entrego la bolsa con las 2 pashminas y la madre de la niña ya se había levantado para seguir su camino.
La pequeña a punto de irse, me miraba fijamente, como  interrogándome: ¿porqué te la llevas?

 Luego vino el desconcierto, cuando al salir de la tienda me dirigí hacia ella, abrí la bolsa, saqué la pashmina roja y le dije:

Es esta la que te ha gustado ¿no?, te la regalo...

Ojala pudiera describir mejor el momento, pero solo puedo decir que sus ojos se hicieron grandes y brillaron, la ilusión regresó de súbito y entonces tomó el pañuelo con mucha delicadeza y en un abrazo involuntario me dijo gracias. Yo, solo atiné a responder: ¡No es nada, hasta luego!!
Su madre también se mostró agradecida.
Yo me dí media vuelta y regresé con la mía, que me miraba sonriendo, pues ya conoce bien mis locuras.

Seguramente para ambas, habrá muchos "no puedo comprarlo" por delante, pero ese día las dos aprendimos algo y es que la magia existe.

Por mi parte pude comprender que aquellos "No" fueron la inspiración para lograr  un "SI" a casi todo.

La pequeña tendrá que aprender su lección y a confiar en la magia, de lo único que estoy segura es que siempre le tendrá especial cariño a ese pedacito de tela brillante, sabrá que era para ella, que se habían elegido mutuamente y  que no podía ser de otra manera.




LdF.





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