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Nuestras Posibilidades




Era Viernes. El primero de la temporada invernal.

Hacía frío y llovía; llegaba a nuestra cita pero la mesa de siempre estaba ocupada y el sitio atestado de gente escandalosa.

Tú no podrías tocar en el lugar habitual y yo tenía pocas esperanzas de ocupar "mi" mesa.

Al verme entrar, el encargado puso natural cara de asombro y seguro pensó para si: 

¡Lo que me faltaba! 

A pesar de ello, me ofreció una cerveza, una sonrisa y me invito a sentarme en la mesita de espera, diciendo amablemente:

¡Ahora lo resolvemos!

Apenas pasaron unos minutos, cuando apareciste con tu habitual sonrisa, (amo esa carita de borrego que pones a veces) me saludaste con un beso largo y te sacaste de la bolsa del pantalón: un chicloso deformado y un dulce de uva, (de los acuario). 

Solo atinaste a decir: ¡Elige!

Luego, volteaste y solo alcancé a escuchar como le susurrabas al mesero: "¡Te encargo por favor que acomodes a mi novia!"

No te diste cuenta, (sueles ser algo despistado o al menos pretender serlo) pero el camarero puso ojos de plato, y a pesar de haberlo visto todo entre nosotros, nunca espero que usaras la palabra mágica: "novia."

Después de un ratito, los acomodaron a ustedes y a mi en una incómoda mesa, pero mirando frente a ti.
Iba sola, pero tuve de acompañante a una linda palmera (ubicada en el centro del restaurante), que de vez en cuando me susurraba cosas al oído y me hacía cosquillas en el cuello como queriendo llamar mi atención.

¡Es lo que tiene estar tan loca y conversar hasta con las plantas!

¿Es difícil sentarse sola al centro de un restaurante? Si, lo es. La gente te mira como bicho raro, no falta el que pasa por ahí deseando no ir acompañado.

¿Lo bonito?  Saber que en realidad, no estás sola y que el séquito de personas que trabajan ahí se esfuerzan por cuidarte. Es casi como ser una reyna. Todo te admiran, pero nadie te toca.

Cuando comenzó la música,  nuevamente me sentí en otra dimensión. Sé que lo mismo te sucede.

De pronto, estamos ahí, en linea directa intercambiando todo clase de sensaciones, pero a la vez, la gente del exterior se manifiesta.

Detrás de mi, una pareja ligoteaba. Ella se hacía la interesante con frases muy hechas y él hablaba de ustedes. Hasta supe con qué canción intentaría quedar bien.

Delante de mí, había otra pareja ya más senior, pagaban la cuenta. Él, se estaba terminado un café expresso para bajarse  la borrachera, mientras tarareaba a Phill Collins: "It just another day, for you and me, and paradise".

Todavía le quedaba una caballito de tequila, que no estaba dispuesto a desperdiciar, como tampoco la oportunidad de pedir "una rola".

Cuando por fin se marcharon, el  intentó salir del lugar  por el lado contrario.  Tú no te diste cuenta, porque justo en ese instante estabas ocupado encendiendo un cigarrillo y tratando de acomodarlo en tu sitio preferido: en la guitarra.

A mi lado izquierdo, había otra pareja que pasaba de todo; solo se miraban el uno al otro, ella fumaba luego el fumaba, ella pedía un vino, luego el pedía otro. Parecían solo estar encapsulados en su realidad.

A mi lado derecho, los protagonistas eran 6 hombres y una (para nada tímida) mujer que parecía controlarlos. 

Cada vez que ella se iba al baño, unos se ponían a cantar y  otros aprovechaban para hacer una broma de pésimo gusto o mostrarse memes de "tetas y nalgas". 
En medio de estas demostraciones, llego la segunda amiga, y acabo por poner orden a los machos de cantina.

De vez en cuando, ojeaban a mi mesa; tal vez sintiendo lástima o desconfianza de que una chica como yo, estuviera solita en una taberna escuchando música y bebiendo cerveza obscura o ambar.

La curiosidad se les pasó cuando tras el primer set, te fuiste a sentar a mi lado.

Finalmente, hablando de nosotros...
 Los natural es hacernos gestos entra canción y canción, intercambiar  miradas y ver lo que sucede en en la TV: como ver la invasión de suricatos en un campo de golf.

Por mi parte me distraje y perdí la cuenta de los cigarros que se consumen en tu guitarra sin pena ni gloria.

En algún punto de la noche, simplemente me pregunté: ¿Qué estoy haciendo aquí?

Es obvio que estoy por ti.

Por que desde el día que nos vimos por primera vez, algo pasó. Llegaste, armaste todo como de costumbre y te pusiste a tocar.

Yo, pude haberme quedado como el resto que está y solo sigue a lo que va, solo sigue a lo que hay.

Pero, en un momento, nuestras miradas se encontraron y algo superior decidió gestar una nueva posibilidad. Sin palabras de por medio.

Las posibilidades de que un jueves te encontrara tocando "a un minuto de ti" son muchas. Enamorarme de ti era más bien remoto, quizá hasta ingenuo. Que te pasara lo mismo puede resultar hasta absurdo.

Por alguna razón, no fue así.

Me siento afortunada. 
Encontrar el amor en lo cotidiano, tras tanto dolor, es algo que solo tú podrías conseguir.

No sé realmente si logremos romper con lo más complejo de la vida, pero esas son nuestras posibilidades.

 ¡Así de grande eres!


Ldf.

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